Cuando beso tu rostro de Efebo o de Madona,
Siento que se arrodillan mis sadismos ateos,
Y cuando a mis abrazos tu cuerpo se abandona...
Tu incierto Sexo olvidan mis urgentes deseos.
En la Grecia divina ceñirían corona,
Tus ambiguos hechizos que dan raros mareos;
¡Fueras Dios por hermoso, como aquel de Crotona,
Y el laúd te ensalzara del anciano de Théos!
Tus sacras desnudeces, tus formas de ginandro,
El lujo hubieran sido del lecho de Alejandro,
Que por ti desdeñara las hembras de Citeres;
Y como el Antinoo, favorito de Adriano,
Lleno de gracia, ungido te hubiese un dios pagano,
¡Entre todos los hombres y todas las mujeres!